Tengo más de 5 años viviendo en la ciudad y formo parte de los 18 millones de habitantes que circulamos en ella, el tráfico, la altura, la contaminación, traslados de una hora de un punto a otro son parte de nuestra vida cotidiana.
Pero cuando las variables cambian y el Gobierno del Distrito Federal se empecina en realizar obras por toda la ciudad que van desde el viaducto elevado, la repavimentación del circuito interior hasta el paso a desnivel en Av. Observatorio y Constituyentes entre algunas otras, no son suficientes los globos en forma de corazón, o los que tienen un mensaje peculiar de "Yo vivo un noviazgo sin violencia" ni toda la dulzura en el ambiente provocado por la fecha, para tranquilizar a los conductores, a quienes les modifican las opciones para circular día con día.
Hace unos momentos me tocó presenciar un conato de pelea entre un automovilista y un policía de tránsito que trataba de explicarle que la vuelta a la izquierda de Nuevo León a Benjamín Franklin ya no está permitida, momentos antes el mismo policía había permitido esa vuelta a una camioneta que vendía fruta y además aprovechó para comprar unos mangos, al ver que a él no lo dejaban pasar y como una reacción casi lógica se bajó y empujó al oficial de tránsito gritándole que tiene los mismos derechos que la camioneta que antes había dejado pasar, asustado y sin meter las manos a las agresiones verbales y físicas que evidentemente faltaban totalmente el respeto a su autoridad decidió dejarlo pasar, lo más triste es que cuando el conductor ingresó a su vehículo y se alejó del cruce, el policía midió que el peligro ya había pasado y comenzó a gritarle y a mentarle su madre, cabe mencionar que en todo el episodio el policía nunca soltó sus mangos, que supongo son su regalo de San Valentín.
Este tipo de situaciones me hace confirmar que mi bicicleta es el mejor medio de transporte en esta selva de concreto hidráulico que crece cada vez más y en dónde para hacer algo en contra de lo establecido solo debes intimidar a un policía que no está capacitado.
Pero cuando las variables cambian y el Gobierno del Distrito Federal se empecina en realizar obras por toda la ciudad que van desde el viaducto elevado, la repavimentación del circuito interior hasta el paso a desnivel en Av. Observatorio y Constituyentes entre algunas otras, no son suficientes los globos en forma de corazón, o los que tienen un mensaje peculiar de "Yo vivo un noviazgo sin violencia" ni toda la dulzura en el ambiente provocado por la fecha, para tranquilizar a los conductores, a quienes les modifican las opciones para circular día con día.
Hace unos momentos me tocó presenciar un conato de pelea entre un automovilista y un policía de tránsito que trataba de explicarle que la vuelta a la izquierda de Nuevo León a Benjamín Franklin ya no está permitida, momentos antes el mismo policía había permitido esa vuelta a una camioneta que vendía fruta y además aprovechó para comprar unos mangos, al ver que a él no lo dejaban pasar y como una reacción casi lógica se bajó y empujó al oficial de tránsito gritándole que tiene los mismos derechos que la camioneta que antes había dejado pasar, asustado y sin meter las manos a las agresiones verbales y físicas que evidentemente faltaban totalmente el respeto a su autoridad decidió dejarlo pasar, lo más triste es que cuando el conductor ingresó a su vehículo y se alejó del cruce, el policía midió que el peligro ya había pasado y comenzó a gritarle y a mentarle su madre, cabe mencionar que en todo el episodio el policía nunca soltó sus mangos, que supongo son su regalo de San Valentín.
Este tipo de situaciones me hace confirmar que mi bicicleta es el mejor medio de transporte en esta selva de concreto hidráulico que crece cada vez más y en dónde para hacer algo en contra de lo establecido solo debes intimidar a un policía que no está capacitado.



Calendario



