PATRICK MILLER  

Cuando recién iniciaba a escribir en mi blog, dejé pendiente un post sobre aquel lugar que alguna vez mi amiga Maligna me llevó a conocer, el Patrick Miller, en aquella ocasión nos reunimos ahí para celebrar el cumpleaños de una de sus amigas, hoy vuelvo al tema, porque la semana pasada regresé por segunda ocasión, solo que ahora fui acompañado por 6 mujeres, ser el único hombre en la reunión me hizo sentir bien.

Arribamos al famoso lugar a las 11:30 pm, debo decir que es el segundo hoyo negro que he conocido en mi vida, cuando entras, parece que la gente se quedó atrapada en el pasado, la música que se escucha es de los 70’s, 80’s o 90’s de acuerdo a la temática que se proponga en el día, esas canciones me hacen recordar aquellas épocas de tardeadas de primaria en Cuernavaca, basta decir que utilizan el mismo sistema que en una kermes, si quieres comprar algo, hay que hacer una fila como las de Bancomer en día de quincena y cuando llegas a la taquilla compras una ficha que después puedes intercambiar por la bebida que vas a consumir, por supuesto para pedir la bebida hay otra fila igual de grande que la primera.

Antes de abrir pista, los que se ostentan como bailarines profesionales del lugar realizan un calentamiento previo para las retas de baile, esto con la única finalidad de que no se lastimen en el momento en que comienzan a dar de brincos por todos lados, a algunos no les importa calentar a mitad de pista, otros más discretos prefieren hacerlo en una esquina sin que nadie los note y antes de que el baile comience.

Definitivamente lo que caracteriza al lugar es su maravilloso laser, es parte fundamental de la escenografía y se complementa con pantallas brillantes, bolas de disco y otros modernos aparatos con un montón de luces por todos lados, tengo que lamentar su sistema de ventilación ya que consta de un extractor de aire gigante, pero que en definitiva es insuficiente para el número de personas que asisten cada viernes.

La vez anterior me tocó ver 4 círculos de retas al mismo tiempo, cada uno con un juez que decidía quien había perdido la reta y quién entraba como retador, ahora solo presenciamos las coreografías de tres tipos que sentían los reyes de la pista, lo bueno es que al final parece que se cansaron y las retas pudieron continuar, pero solo en un círculo.

Logré sobrevivir a algo que no es de mi completo agrado, pero me quedo con la satisfacción de que Dulce, una de las amigas con las que asistí y vive en Nueva York, vivió su primera experiencia en el Patrick Miller y lo disfrutó al máximo. Cuándo será el tercer regreso al lugar, no lo se… aunque en realidad desearía que pasaran por lo menos algunos meses antes de que eso suceda.



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