
En esta ocasión no hubo necesidad de organizar un viaje con meses de anticipación, de hacer una investigación exhaustiva de lugares donde comer y visitar, tampoco pretendimos romper nuestro record personal de kilómetros y horas manejadas que hasta ahora es de 14 horas continuas, esta vez el objetivo principal era descansar, redescubrir la ciudad de Oaxaca, evitar de nueva cuenta unas vacaciones como el año anterior en la Huasteca Potosina.
La llegada a la ciudad de Oaxaca fue en punto de las 6:15 am, justo cuando empezaba el amanecer, esto gracias a que aún no cambiamos el horario de verano, la caminata matutina hacia el hostal fue revitalizante, tal como fuera un domingo de semana santa en la Condesa, hasta este momento seguía pensando que las personas que huyen del D.F. no contemplan esta ciudad como destino turístico, sin embargo la tarde del jueves descubrí el éxito que una campaña televisiva puede tener, los comerciales sobre Oaxaca con motivo del bicentenario lograron atraer una gran cantidad de personas que invadieron las calles de forma impresionante, durante mis múltiples estancias en la ciudad nunca vi a tantas personas recorriendo las calles como en esta ocasión, ni siquiera cuando fue el movimiento de los maestros había tantos visitantes como lo hubo ahora.
La idea de descansar en la ciudad se desvaneció a nuestra llegada justo cuando descubrimos la manera de llegar en trasporte público a lugares como Hierve el Agua, Mitla, Tule y Rancho Zapata ya que teníamos la idea de que estos destinos solo se podían visitar con un tour o con automóvil particular.
Fue muy interesante el viaje que hicimos a Hierve el Agua, durante el camino las personas nos hablaron sobre los enfrentamientos armados que hubo entre la localidad de Hierve el Agua y San Lorenzo por la administración de las cuotas de acceso al punto turístico, este último pueblo administró dichas cuotas por 26 años, finalmente perdieron tal derecho y se lo asignaron a la localidad que pertenece, en venganza los lugareños se montaron armados para bloquear los accesos de servicios públicos, víveres e incluso el paso a los turistas por sus caminos, hasta el momento se debe pagar una cuota para acceder por este poblado pero afortunadamente existe la opción de llegar por la localidad de Xaaga en donde no es necesario pagar hasta llegar a la reserva.
La visita al Rancho Zapata resultó una decepción, la administración del lugar decidió adaptar su carta de alimentos para los turistas extranjeros dejando solamente 5 opciones de platillos típicos, no resulta muy diferente a visitar un Vip´s en Insurgentes, por lo que ha dejado de ser la recomendación necesaria de una visita a Oaxaca, afortunadamente nos dio la oportunidad de visitar lugares estupendos en el centro con platillos típicos de la región.
De las cosas buenas del viaje fue conocer al “gringo” del Hostal Paulina se volvió parte fundamental y esperamos recibirlo en la Ciudad de México en las próximas semanas.
Al final caminamos como nunca antes, probamos todos los platos típicos, comimos mucha nieve y no tuvimos ni un momento para “descansar” como era el plan inicial y logré confirmar que es una ciudad en donde me puedo desconectar del mundo.



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